13 de septiembre de 2006

Protestar Sí, Encapuchados No


Ya estoy de vuelta en Chile, llegue el día 10.
Posteo un artículo que escribí en El Rancahuaso.


Protestar Sí, Encapuchados No

Ver la moneda en llamas, una niña herida por una bala perdida, barricadas en las calles, ¿es el odio?, ¿es el lumpen?, ¿tenemos que aguantar a los encapuchados?, escribo un pequeño analisis que nos llama a debatir sobre este tema.

Quienes pagan el pato de esta acción vandálica y de la acción de Carabineros (a mi juicio valiente y justificada) son los más pobres, es la vecina que tiene una peluquería que es saqueada, es la niñita que duerme y una bala perdida de un loco, la deja en coma.

El problema para los más conservadores está en la represión, para los que comparten esta forma de protesta, son acciones justificadas de un sistema opresor, que acentúa las desigualdades.

Mi opinión personal es que la protesta violenta y sin sentido no aumenta las desigualdades, es más las aumenta estigmatizando por unos pocos a sectores poblacionales con una histórica voluntad de lucha y que a base de esfuerzo han salido adelante, esto da pie para que algunos digan que en tal o cual parte solo viven delincuentes, también para generar una sensación de miedo y finalmente separar a nuestra sociedad en partes que en vez de trabajar juntas por el bien del país se separan siendo antagonista y generando odios que no corresponden a una sociedad solidaria y donde todos más allá de sus pertenencias materiales se sientan parte.

En cuanto a la represión, esta si bien es necesaria no es solución de ninguna forma, la represión policial muchas veces agudiza el odio y la violencia. Creo que la solución esta en el lado de la prevención, detectando quienes son estos grupos, que de ideológico poco tienen, que a juicio de los expertos no son más de 200 personas, y neutralizando su vandálico actuar.

Se gasta mucha plata en una Agencia Nacional de Inteligencia, pero esta no es capaz de desactivar a 200 desfasados activistas. Tenemos una nueva Justicia un gran avance, pero que a veces es tan garantista que se pasa al extremo de la permisibilidad.

La solución es que las instituciones hagan su pega, que los vecinos nos organicemos y protestemos por nuestros derechos, pero a rostro descubierto, con las manos limpias y con la certeza de que las peleas que logran sus objetivos son las que son hechas con las armas de la democracia, que son la voz y la movilización pacifica.