16 de septiembre de 2008

Reflexiones sobre la excelencia

Básicos:

Mis primeros acercamientos a prácticas de excelencia:

La formación ignaciana, contiene el principio de la excelencia para Dios y los demás que San Ignacio de Loyola, nombra con el término latino “Magis” (Más), definido como: “aumentar las propias competencias y capacidades para ponerlas al servicio de los demás (prójimo), y de esa manera, hallar realización, procurar trascender y encontrar felicidad en el propio desprendimiento voluntario y en el compartir solidario” .
Desde niños nos enseñaban a competir por llegar al Magis, mediante un juego donde el Magis era la última etapa, siendo el resto de las etapas nombradas con las ciudades donde peregrino San Ignacio partiendo desde Loyola hasta Roma, en caso de lograr el Magis (que se lograba con una tabla medible de comportamiento y rendimiento) se le otorgaba al alumno una piocha dorada que orgullosos se llevaba en el chaleco, al final del año se entregaba el premio Magis al que más esfuerzo por cumplir estas prácticas de excelencia había hecho y así lo determinaban profesores y sacerdotes.
Recuerdo con cariño ese juego que nos proponía el colegio, y me es innato al hablar de excelencia el recurrir a mi tradición formativa espiritual
Luego no puedo no nombrar al hablar de excelencia la máxima Scout, “el Scout se supera así mismo”, lo que conlleva la especialización en ciertas áreas desarrollo de habilidades y competencia continua, para alcanzar rangos de jefatura y de distinción.
Sin duda 14 años en un colegio jesuita, una familia profundamente practicante de dicha espiritualidad, y 9 años de Scoultismo, ambas tradiciones y prácticas arraigadas me condicionan al hablar de excelencia.
Luego de estas experiencias y hasta mi ingreso a nuestro “movimiento cultural” no recuerdo “lugares” donde la excelencia no fuera tan sólo un slogan, si no que una serie de prácticas recurrentes.
En este contexto es que me encuentro situado al leer y analizar el ensayo referido en el título.

¿Qué se me viene a la cabeza cuando escucho, ¡EXCELENCIA!?


Progresión: El lograr excelencia en algo, requiere de constante ejercicio de determinadas prácticas y rutinas, esta va pasando etapas medibles (standards) a los que me referiré más adelante.

Ambición: Para mi no se puede ser excelente en algo o “en la vida” sin querer trascender e influir, si pusiéramos como meta el logro del éxito y asentar el juicio de el es exitoso, esto no se puede lograr de manera estable y no mentirosa si no conlleva la búsqueda de la excelencia.

Realismo: Existe una tendencia equivocada a mi juicio a creer que la excelencia se logra solamente con la realización de prácticas utópicas, fundamentalmente éticas, en la tradición ignaciana la búsqueda del Magis, se topa con la santidad y el santo es aquel que roza la perfección, realizó ciertas prácticas que permiten que sea venerado y un interlocutor válido o privilegiado con el mismo Dios, por eso uno pide que tal o cual Santo interceda por uno, pero el Santo no es sólo el que tiene una vida ejemplar, si no que lo relevante es la realización de milagros, es decir un hecho que no tiene comprobación científica por ende sólo puede ser obra de Dios.
Reducir la excelencia a una conceptualización como la anterior seria reducirla a una expresión muy minima y finalmente un escape a ella.
Las prácticas de excelencia parten con cosas básicas y sencillas, como el cumplimiento de compromisos que pueden parecer nimios, la realización de ofertas realistas, la buena fundamentación de juicios, etc., esto sin duda conlleva conductas éticas, pero es importante contrastarlas con la propia imperfección humana, la posibilidad de fracaso y lo que yo llamaré imponderables (azar, fortuitos)

Ejercicio de una disciplina: El desarrollar destrezas de manera excelente conlleva constante ejercitación en espacios de prácticas, desde las simples llegar a las hora, hasta las complejas, estas no se convierten en una constante, en un sello que provoque identidad si no son recurrentes, y guiadas, ahí radica la importancia de los mentores, guías y profesores.
Para los que somos jugadores esto nos es muy claro, si no existe una ejercitación constante y prácticas de honorabilidad, la progresión y el logro de maestría es imposible alcanzar niveles de maestría, se descartan acá la creencia de que es una cosa de raza, de edad, etc., claramente los factores geográficos y genéticos influyen pero no son determinantes debido a la naturaleza plástica de nuestro ser.


Pero si bien uno puede señalar que la excelencia radica en cambios individuales, estos no tienen sentido si no son para y con otros, lo primero que cabe señalar a este respecto, es quien determina y bajo que parámetros lo hace quien es excelente, me refiero a los Standards y la Adscripción.

Decir que soy excelente, solo tendrá validez si puedo comprobarlo, es decir puedo fundar lo que señalo, tomaré un ejemplo que el sentido común diría es una muestra de excelencia:

El desempeño de China en los últimos Juegos Olímpicos tomado desde la perspectiva del por que decimos que el logro de China demuestra una cultura deportiva de excelencia:

Cada cuatro años, se organizan Juegos Olímpicos, estos son el momento para demostrar el avance o retroceso de las practicas deportivas de cada uno de los países participantes, los que se toman estos eventos con seriedad tienen un estándar prefijado para evaluar si su desempeño está dentro de lo esperado, y si la preparación con todo lo que esto conlleva fue satisfactoria. En el caso de China un país que históricamente no ha brillado en las disciplinas olímpicas (la mayoría de ellas más desarrolladas en occidente), se propusieron el llegar al tope del medallero y ganar u obtener medallas en aquellos deportes donde “el sentido común” basado en el estereotipo tradicional occidental (hasta ahora despectivo con oriente) de China diría es imposible, esto comprueba que la generación de prácticas de excelencia da resultados inclusive en aquellas disciplinas donde los factores “naturales” juegan en contra.

¿Cómo se mide el éxito o fracaso de los chinos?, la respuesta parece obvia, mediante la obtención de medallas que es el estándar de éxito medible en un Juego Olímpico, si se cumplen ciertas reglas y rendimiento se obtiene determinada medallas, es por esta razón que uno puede sacar la conclusión de que si China obtuvo 51 medallas y llego al tope del medallero, es por que desarrollo una cultura de excelencia que llevo a un crecimiento en logros deportivos que no tiene parangón en la historia del Olimpismo.

Junto con los standards, debe sumarse la adscripción, es decir la comprobación de aquellos o aquellos que poseen poder declarativo en el área en cuestión, de que dicha práctica se realizó de manera excelente, nadie podría dudar que Usain Bolt es el ganador de la medalla de oro y ostenta un record mundial, pero esto es por que el Comité Olímpico Internacional verifica y declara eso mediante la entrega de la medalla y el acto de ponerla en el cuello del atleta.


¿Cómo generar una cultura de excelencia?

En el entendido que este ensayo ha logrado explicar lo que entiendo por excelencia, esbozaré algunas ideas que pueden servir al como generar una cultura de excelencia donde no existe.
Nuestro país Chile es un buen ejemplo, de falta de prolijidad y mediocridad, son pocas o nulas las cosas que podamos decir “en esto los chilenos somos excelentes”, en muchas cosas somos buenos (orden interno, imagen país, etc.), pero no hemos sido lo suficientemente valientes para saltar desde la segunda división a la liga premier del concierto internacional, en el entendido que esto no es un imposible y que otros han logrados saltos sorprendentes con condiciones básicas incluso peores (Finlandia acerera quebrada post caída de la URSS o Corea desvastada post guerra)

La sociedad actual, donde los nichos cobran gran relevancia nos entregan una seria oportunidad de competir, y entregarnos como sociedad un mejor bienestar, pero para eso es completamente necesario el cambiar ciertos vicios basales que nos impiden avanzar en este sentido, me referiré en especifico a la falta de reconocimiento y cortoplacismo.

Chile no es un país donde tengamos ídolos y los cuidemos, normalmente a nuestros buenos deportistas, escritores o científicos los reconocen primeros en el extranjero y luego tardíamente se les entrega el premio nacional respectivo o se le realizan homenajes, luego la vejez de estos héroes es en el olvido y nos lamentamos de su partida y de lo poco aprovechados que fuimos; sorprende que el único poema de Mistral en el inconciente colectivo sea “piececitos” y el resto de su obra este en la oscuridad siendo una de las más grandes poetisas que ha cruzado la historia de la literatura mundial contemporánea.
Para dar un paso, debemos empezar a reconocer, enorgullecernos, dejar de lado el pudor con la riqueza o el éxito, la envidia no sirve la competencia y colaboración para tener más calidad, hacen que las sociedades progresen con mayor homogeneidad.

Lo segundo es recuperar la mirada de largo plazo, sobretodo la de nuestras elites políticas y empresariales, en este punto en el pasado fuimos mejores, existía un ideal de lo que queríamos ser como país, pioneros dispuestos a fracasar pero a persistir en el intento de dominar la naturaleza y generar patria y riqueza, hoy lamentablemente hemos perdido, son pocos los ejemplos que se me vienen a la cabeza de búsqueda de la excelencia con proyección, rescataría a la industria del retail, y en el ámbito político aún somos incipientes en la recuperación de la conversación de futuro y el entorno condiciona al cortoplacismo y la satisfacción o más bien dicho al entregar calmantes a los grandes problemas del país.

A modo de conclusión quisiera señalar que una de las cosas que he aprendido y que estoy convencido es que provocar cambios culturales, es decir arraigar determinadas prácticas requiere de persistencia y de compasión, persistencia debido a la dificultad y resistencia que esto conlleva, y compasión para poder persistir y no desilusionarse en el camino, sin una cultura de excelencia será muy difícil salir de este estado de bipolaridad que enferma a Chile, donde un día somos jaguares y al siguiente ratones.

1 comentario:

Jorge Domínguez dijo...

Realmente bueno Beto.
Gracias!!